Ya en varias ocasiones, hemos dicho en este editorial que a los jóvenes de nuestra generación nos está tocando madurar con anticipación. Y es neta. Así como nuestros padres se la pasan diciendo que ellos sí podían jugar en la calle, que su juventud era rebelde pero sin la violencia actual. De esa misma manera los chav@s estamos expuestos a enfrentar lo que los papás no vivieron.

Por eso, estamos viviendo situaciones inéditas en las que prácticamente estamos experimentando, porque todo cambia en sólo cuestión de días.

En Acapulco hemos crecido con un grave defecto: creemos que el antro es el centro del universo, y en torno a ello gira la vida de un joven. Que si vas a ir a tal o cual antro, que con quién y cómo iras, en fin, las típicas preocupaciones a las que nos hemos acostumbrado en esta ciudad.

Pero ¿cómo cambiar esta percepción de la vida? ¿qué es lo que realmente necesitamos los jóvenes?

Lo que requerimos es salud, educación, áreas deportivas y recreativas seguras y de buen nivel, alimentación, capacitación y posibilidad de oferta de empleo o generador del mismo.

¿Quién o quiénes están preocupado de trabajar para ello? ¿quién o quiénes pueden dejar de lago sus intereses personales y partidistas, para que ir previendo que en menos de 10 años muchos de los jóvenes entraremos en edad productiva y requerimos un lugar donde trabajar o las condiciones para poner una empresa?

La neta, la clase polìtica está más preocupada por las elecciones próximas que por generar las condiciones que nos den chance de pensar que tenemos un futuro…. y luego no quejen de las generaciones NiNi (ni estudian ni trabajan), de que llenemos calles con subempleo o que ante la falta de oportunidades algunos decidan incursionar en actividades no lícitas.

Hoy hay responsables que tienen que trabajar para mediano y largo plazo, aunque no obtengan los beneficios políticos necesarios, quizá el reconocimiento personal de que están haciendo lo correcto les deberá ser lo suficiente…. pero de esos actores de la actividad pública hay muy pocos.

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