Por: Ximena Vargas

Biohackers es la nueva serie alemana de Netflix que está dejando mucho de qué hablar. La historia gira en torno a Mia Akerlund, una chica que acaba de ingresar a la carrera de medicina en una universidad de Friburgo, y se muda a una casa junto con otras 3 personas de su misma universidad; cuyos intereses también giran en torno al mundo del biohacking. En su nueva vida como universitaria, Mia se adentra a un mundo de modificación genética que choca con lo ilegal, donde buscará respuestas sobre la muerte de su hermano.

“Biohacking”, como su nombre lo indica, supone “hackear” los sistemas biológicos con el fin de maximizar y mejorar nuestro organismo. Aunque parece algo sacado de ciencia ficción, esto puede ser desde simplemente modificar nuestra dieta con el fin de rendir más en actividades físicas, hasta ser el caso que representan en esta serie alemana: la modificación genética.

¿Animales o plantas fluorescentes? ¿Aguantar la respiración por un tiempo prolongado bajo el agua? ¿Implantar imanes en las yemas de los dedos? Con un toque de ciencia ficción y una trama de venganza, Biohackers nos adentra al mundo de la modificación genética; y nos demuestra como, en las manos equivocadas, puede representar un riesgo el practicarla fuera de la ética y seguridad.

La serie no espera que sus espectadores sepan cómo funciona CRISPR-Cas9, proteínas bioluminiscentes, o un mapa genético. Sino, espera darte el sentimiento de que la serie podría estar pasando en alguna parte del mundo, incluso en una pequeña ciudad de Alemania; que existe gente que lleva a cabo el “biohacking”, como los compañeros de cuarto de Mia y tal vez, esta ciencia ficción se empiece a volver algo más cotidiano.

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